Tomás Roncero
Os
quería contar que a este "pieza" me lo encontre en Austria antes del
partido de Rusia (Eurocopa 2008) ... Como no podía ser de otra forma le
recordé los números de Raúl en los últimos años y entramos en una acalorada discusión... yo le decía que era un pelota y el decía
no ser un " vendío" ... Al final, y por solo repetir literalmente los
números del "capitán Pescanova" sus amigos ... ( también madridistas,
pero con cara de ser del Atleti, de esos que nos se meterían nunca en
Anelka.es) me querían pegar (me pregunto si era el indio o las flechas lo que
hería su orgullo ). Me salvó esta frase que jamas podré olvidar:
"deja"rrrr" al chaval, que tiene su opinión". Ese día salve mi culo y
si no tengo una fotografía para recordarlo es porque el Sr. José de Teherán pierde el móvil cada 2 semanas. (Por Alejandro de León)

YO TAMBIÉN FALLÉ UN PANALTI
"Yo recuerdo, con mis 15 añitos en la liga de Pozuelo, uno de nuestros últimos partidos en el Carlos Ruiz (estadio al que algunos os sonara por haber albergado varias finales de la Champions League de Pozuelo), que llamado por el entrenador y acojonado fui a tirar un penalti.
Tiro y pum! a la mano del portero que despeja y da en el larguero… estaba seguro de que lo iba a fallar, la verdad es que lo tiré fatal. A lo que el árbitro anuló el tiro porque alguien se había adentrado en el área antes de que yo tirase (creo que en la historia futbolística no se conoce algo igual, además hay que saber que teníamos al arbitro comprado).
Asi que tuve un segundo intento para limpiar mi imagen, bueno así lo veían los demás, yo solo vi otra oportunidad para hundirme más si cabe, y sorprendentemente lo volví a fallar!!!! Una final de la Champions acojona mucho!!!! Y hay que haber estado en situación para poder entender el acojone." (Por Mario Pérez).

Por mucho penalti fallado, las estrellas siempre terminan luciendo.
"Si
yo también fallé un penalti, aquel penalti". Nos situamos
en el año 1991 cuando apenas contaba con 8 años
recién cumplidos. Era la mágica época de Junio ya
sabéis, final de curso, tiempo primaveral, más calor que
frío, juventud divina. Estoy hablando de esa época en
donde solo importaba la amistad de un amigo, ese que jamás se
separaba de ti, si ese amigo que durante tanto tiempo compartió
sin decir palabra, el cuarto, el autobús, el armario, aquellas
tardes en solitario en el jardín...Ahora que lo pienso me
acuerdo de algunos nombres, "etrusco", "questra", "mikasa", etc etc
etc... Pues bien, era la gran final, a la cual el equipo de mi clase
(recordado durante muchos años como el dream team) conmigo a la
cabeza se la jugaba. Tras un duro encuentro contra el curso de un
año más llegamos a la tan temida tanda de penaltis. Yo
como capitán, tire el primero y lejos de fallarlo lo
ajusté al palo y se convirtió en un tiro imparable,
perfecta ejecución, propia de quien intenta dar seguridad a sus
compañeros, conocedor de que si el falla él, el equipo
cae. Bien así estuvimos los dos equipos hasta el momento
crucial, hasta el momento de un penalti cada equipo. Allí
estábamos, agotados, con las mejillas coloradas del esfuerzo,
apoyados unos en los otros con nuestro entrenador, Darío, a la
cabeza. Bien llegó el momento y el entrenador preguntó:
"¿Quién se atreve a tirarlo?" Recuerdo aquel silencio
como si hubiese sido ayer, efectivamente nadie quería y como
capitán tuve que tomar la decisión de presentarme
voluntario: "Darío, yo lo tiro". Bien todos y cada uno de mis
amigos, compañeros, me miraron y vi en sus caras dos miradas
claramente diferenciadas. En un principio la de alivio por no tener que
tirar tan decisivo penalti y luego la de la esperanza y la confianza de
no fallarlo.
Bien aquel niño,
moreno, de media altura, con el brazalete de capitán sobre el
brazo izquierdo, con la camiseta amarilla con el número 10 a la
espalda, con sus pantalones blancos manchados de barro, con las medias
amarillas cubriendo esas espinilleras que con tanta ilusión
compró para la final y con las míticas JOMA de Don Emilio
Butragueño se dirigió al punto de penalti donde tantas
veces soñó con la gloria de una final... Cogió el
balón sin tutibeos, él sabia que lo iba a meter, lo
besó como tantas veces vio hacer a sus ídolos, lo puso
con mimo sobre el punto cubierto de cal y dio los correspondientes
pasos hacia atrás en busca de la carrerilla. Miró a las
gradas, en donde pudo diferenciar la cara de su hermano quién
asintió, vio las caras de todos los padres de sus amigos con un
nudo en la garganta, miró a su entrenador, miró a su
equipo, miró al cielo pidiendo gloria y finalmente miró
al portero... nadie, nadie decía una palabra, todo se
convirtió en un silencio sepulcral, nadie
respiraba...Entonces...llegó el momento, el "piiiiiiiiiiiiiiii"
del silbato, y "JUNCO" fue con seguridad hacia el balón e
intentando convertirlo en imparable lo ajusto a su escuadra derecha
y....a la cruceta, plashhhh!!!!! De pronto sintió que todo se le
venia encima, se arrodilló clavo la mirada en el suelo y
desconsolado rompió a llorar. Había fallado el penalti de
la gloria o del olvido y jamás en su vida podrá
olvidarlo.

Sanchez-Junco, de pie, quinto por la izquierda.
Hoy en 2008, sigo acordándome de aquel día y me acordare siempre. Volví a estar en ese momento y en partidos mucho mas importantes y los metí todos y cada uno de ellos, en finales, en semifinales, en la ultima jornada...pero ninguno cambiará el sabor amargo de ese penalti...." (Por Ignacio Sanchez-Junco).
